¿Cómo se disminuye la huella de carbono en la agricultura?

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La agricultura es considerada como una de las actividades productivas que más daños genera en el ambiente, promoviendo el calentamiento global y la presencia de cambios climáticos. Tales consecuencias son producto de la generación de gases que presentan las diferentes actividades agro. Sin embargo, existen numerosas prácticas agrícolas y tecnologías que se pueden implementar para reducir la huella de carbono en la agricultura. 

¿Cuáles son las prácticas agrícolas que reducen la huella de carbono?

Agricultura de conservación

La agricultura de conservación se basa en tres ejes esenciales: trabajos mínimos en el suelo, cobertura permanente y rotación de cultivos. Estas acciones contribuyen a mejorar el estado de los terrenos y a reducir la emisión de gases de efecto invernadero al restringir la manipulación de la superficie. Al mismo tiempo que disminuye la liberación de carbono, almacenado en el suelo a la atmósfera. 

  1. Los pocos trabajos empleados sobre el suelo colaboran con la retención de humedad y de nutrientes en la tierra. Además, con tales acciones se conserva mejor la estructura natural y se fomenta la actividad biológica que retiene carbono.
  2. En relación a la cobertura permanente del suelo, esta práctica protege el suelo de la erosión. Además, las plantas de cobertura como leguminosas y gramíneas, capturan carbono y lo fijan en el suelo, colaborando con su reducción. 
  3. La rotación de cultivos en una superficie productiva provoca la fijación de nutrientes y mejoran la fertilidad del suelo. Así como también con estas prácticas se reduce la utilización de fertilizantes químicos. 

Buen manejo de fertilizantes

Conocer y saber aplicar fertilizantes, hace que la producción mejore y sea más eficiente. El uso excesivo de estos productos puede significar la emisión de óxido nitroso, un gas potente y dañino. Es por ello que la adopción de prácticas para un buen manejo de fertilizantes puede reducir estas emisiones.

Dentro del uso de fertilizantes, es fundamental aplicar la cantidad adecuada. En ese sentido, el uso de tecnologías y aplicaciones contribuyen con esta tarea. Es de este modo que sistemas de posicionamiento global (GPS) y la agricultura de precisión, permiten aplicar fertilizantes en las cantidades y lugares específicos donde se necesitan, minimizando las pérdidas y los peligros. 

Los fertilizantes de liberación controlada, brindan nutrientes de manera gradual lo que disminuye la volatilización y las pérdidas por lixiviación, lo que reduce también las emisiones de óxido nitroso.

Uso de prácticas orgánicas

La conformación de un compost y estiércol como alternativas orgánicas no solo mejora la fertilidad del suelo, sino que también incrementa el contenido de materia orgánica del suelo, lo que significa una mayor retención de carbono.

Uso del agua 

El manejo eficiente del agua no solo es significativo para la sostenibilidad del recurso hídrico, sino que también ayuda a la reducción de las emisiones de gases asociados con el riego.

En esa línea, el riego por goteo es una técnica efectiva ya que suministra agua directamente a las raíces de las plantas, disminuyendo el derroche y las emisiones de energía asociadas con el bombeo y distribución del suministro. Esta práctica también minimiza la lixiviación de nitratos, reduciendo las emisiones de óxido nitroso. 

La captación y almacenamiento de agua de lluvia para su posterior uso en riego, reduce la dependencia de fuentes de agua subterránea y de superficie, bajando el nivel de energía utilizada para el bombeo y distribución del agua.

Integración de árboles 

La incorporación de árboles y arbustos en procesos agrícolas, conocida como agroforestería, es una práctica efectiva para minimizar la huella de carbono. Los árboles captan y almacenan grandes cantidades de carbono en su biomasa y en el suelo.

Además, la agroforestería proporciona madera, frutas, forraje y otros elementos, haciendo más diversas las fuentes de ingreso para los productores e incrementando las opciones para enfrentar los daños ocasionados en los sistemas agrícolas por el cambio climático.   

Tales prácticas contribuyen a la reducción de la huella de carbono en la agricultura. De esta forma, se logra un uso equilibrado y sostenible de los diferentes recursos naturales, la implementación de energías renovables y de innovaciones tecnológicas para generar una agricultura más efectiva y que pueda enfrentar los problemas generados por los cambios en el clima.

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