La huella de carbono en la agricultura

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¿Qué es la huella de carbono?

La huella de carbono consiste en el conjunto de emisiones de gases de efecto invernadero producidas, directa o indirectamente, por personas, organizaciones, acciones o procesos. La medición de la huella de carbono en un cultivo, otorga datos que permiten analizar el impacto del cambio climático sobre la producción. 

Las emisiones pueden ser:  

Directas: son aquellas que provienen de fuentes que son propiedad o son controladas por la empresa, como el consumo de combustibles, electricidad, entre otros.

Indirectas: son aquellas que no están controladas ni por el productor ni por la empresa. En esta clasificación están incluidos los viajes por motivos de trabajo, transporte de insumos, generación y trasporte de residuos, entre otros.

El buen uso de la energía para reducir la huella de carbono

Una de las buenas prácticas para reducir la presencia de carbono en los cultivos es saber manejar la energía. En ese sentido, el uso de energías renovables como la solar y eólica, reducen significativamente las emisiones de gases en las explotaciones agrícolas. Así como también, la aplicación de combustibles fósiles. 

La energía solar se puede implementar mediante la instalación de paneles solares. De esta forma, se puede captar energía limpia para el riego, procesamiento de alimentos, entre otras tareas agrícolas. 

En relación a la energía eólica, las turbinas se pueden instalar en los campos para generar electricidad a través de una fuente de energía sostenible y reduciendo las emisiones de carbono.

Innovaciones tecnológicas

Las innovaciones tecnológicas también presentan un rol significativo en la reducción de la huella de carbono en la agricultura.

En esta línea, se utilizan tecnologías como GPS, sensores y drones, los cuales optimizan el uso de insumos agrícolas, minimizando el desperdicio y las emisiones de gases de efecto invernadero.

Estas tecnologías brindan al productor una seria de datos sobre el estado del suelo y el clima que contribuyen en la toma de futuras decisiones. 

La utilización de cultivos mejorados

Los cultivos mejorados genéticamente requieren de menos insumos y son más resistentes a la existencia de plagas y/o enfermedades. El desarrollo de este tipo de cultivos, reduce la necesidad de utilizar pesticidas y fertilizantes, disminuyendo así las emisiones de gases negativos. 

Los fertilizantes químicos, por su parte, han reflejado que son útiles para potenciar la producción. De todos modos, su aplicación comprende daños en el ambiente y en la salud de las personas, un fenómeno más conocido como ‘Huella de carbono’. 

Por esto es importante el uso de otros productos, como los biofertilizantes los cuales presentan beneficios para el entorno natural, reduciendo los daños en los suelos y en la biodiversidad. 

El cuidado del suelo

Con respecto a la salud del suelo cultivable es necesario saber que un suelo sano, está compuesto por macro y micronutrientes y por flora bacteriana. 

El proceso de nutrición del suelo, es un sistema complejo que el productor debe atender y prestar especial cuidado. No es fácil entender cómo impactan los fertilizantes artificiales en la agricultura, ya que restan investigaciones sobre la química del suelo. De todas formas, tener un acercamiento de las consecuencias que puede generar la huella de carbono en los cultivos, puede contribuir con algunas buenas prácticas para cuidar el suelo como el mantenimiento de la humedad adecuada y la conservación de nutrientes. 

¿Cómo afecta la huella de carbono a la agricultura sostenible?

El modelo de agricultura sostenible, basado en conductas y prácticas agrícolas respetuosas con el medio ambiente, se puede ver amenazado por la huella de carbono. La huella de carbono deteriora la capa de ozono, mediante las emisiones de gases de efecto invernadero y es en ese proceso que el abastecimiento de agua y alimentos, se ven directamente perjudicados.

Puesto que los procesos productivos de agrícolas contribuyen de manera significativa a la expansión de la huella de carbono, el productor debe conocer con exactitud la cantidad de emisiones que produce un determinado cultivo y así tomar las medidas convenientes para reducirlas, comenzando por un sistema de fertilización sostenible.

A diferencia del carácter nocivo de los pesticidas y los químicos, los fertilizantes orgánicos presentan características regenerativas y contienen los nutrientes necesarios para que la vegetación pueda crecer sana y desarrollar mayor inmunidad frente a los peligros del ambiente. 

En esa línea, es que cada vez son más los productores individuales que emplean técnicas y productos fertilizantes responsables para la conservación y el cuidado de los recursos y del medio en el que vivimos, sin dejar de lado el rendimiento efectivo de los cultivos. 

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