Según estudios realizados por el Banco Mundial, los países en desarrollo tienen que incrementar la innovación tecnológica para sus producciones agrícolas. Mediante el uso de la tecnología se puede reducir la pobreza, cubrir la demanda de alimentos y enfrentar los efectos causados por el cambio climático.
La tecnología como herramienta para la seguridad alimentaria
La relación con el uso de la tecnología y la productividad se ve reflejada en países con un alto índice de pobreza como Asia meridional y África. Allí se puede observar un importante estancamiento productivo.
En ese sentido, resulta relevante aplicar nuevas ideas para colaborar con los medios de subsistencia de las zonas rurales.
Según el informe ‘Cómo cosechar prosperidad: Mayor tecnología y productividad en la agricultura’, pensar las inversiones en función de potenciar la adquisición de nuevos saberes y garantizar su aplicación, puede colaborar a concretar mejoras potenciales de la producción agrícola y aumentar los rendimientos económicos.
En dicha investigación, se apunta que casi el 80% de las personas que padecen pobreza extrema viven en zonas rurales y que la gran mayoría tiene a la agricultura como fuente de sostén económico. Dicho esto, las acciones para reducir la pobreza deben focalizarse en el aumento de la producción agrícola y para esto es necesario realizar inversiones que permitan generar una producción efectiva.
Beneficios de incrementar la producción agrícola
Incrementar la productividad en el sector agrícola puede generar más y mejores empleos. Además, puede favorecer a que más personas se trasladen del campo a las ciudades en busca de nuevas posibilidades y mejores estilos de vida.
De todos modos, para concretar dichos objetivos es necesario hacer una reforma integral que integre los sistemas nacionales de innovación agrícola, la mejora y eficacia del gasto público y la promoción de cadenas de valor agrícolas inclusivas co mayor participación del sector privado.
Las nuevas tecnologías posibilitan mejorar el acceso a la información, los gastos y seguros. Dichos avances pueden permitir incrementar la producción agrícola de los productores más pequeños y menos reconocidos.
En el informe se señala que en Asia oriental el rendimiento de los cultivos se ha multiplicado por seis lo que favoreció a la reducción de la pobreza en China y otros países de la región. En el caso de África al sur del Sahara y partes de Asia meridional sólo se ha duplicado, por lo que los efectos de reducción de la pobreza no han sido los esperados.
La principal herramienta para incrementar la productividad y aumentar los ingresos es la adopción de tecnologías y la ejecución de buenas prácticas agrícolas. Esto posibilitará a los productores aumentar los rendimientos, gestionar mejor los insumos, incluir nuevos cultivos y sistemas de producción, mejorar la calidad de sus productos, conservar los recursos naturales y amoldarse a los desafíos climáticos.
El papel de la inversión
Para sumar tecnología a los programas productivos es necesario realizar inversiones importantes. Es por eso que el apoyo del Estado y de entidades privadas resulta clave para avanzar.
Sin embargo, a nivel global se observa un déficit cada vez más marcado de los fondos destinados a la investigación y el desarrollo de la agricultura.
En los últimos años, la inversión en investigación y desarrollo agrícola equivalía al 3,25 % del producto interno bruto (PIB) agrícola en los países desarrollados y al 0,52 % en los países en desarrollo. Dentro del último sector, Brasil y China invirtieron montos más elevados, en tanto África y Asia meridional registraron el gasto más bajo en relación con el PIB agrícola. De hecho, en la mitad de los países africanos, el gasto en investigación y desarrollo registra una caída..
Los Gobiernos deben prestar atención tanto a la investigación como a la transferencia de tecnología de los sectores públicos y privados para potenciar los sistemas de innovación.
Destinar fondos a la agricultura puede generar una oportunidad para poner en valor sistemas públicos de investigación agrícola, mejorar la inversión en educación con orientación agrícola y generar condiciones para desarrollar tareas de investigación en el sector privado.
Asimismo, el sector privado puede promover un acceso más ágil a nuevas tecnologías para los productores. En los países desarrollados, las empresas privadas destinan la mitad de los fondos a la investigación y el desarrollo de los productores. En economías importantes como la China, India y Brasil, los países aportan nada menos que una cuarta parte del gasto.
De todos modos, a pesar de lo expuesto y de la incorporación de nuevas tecnologías, los pequeños productores se enfrentan a importantes barreras para adoptar la innovación tecnológica que suponen los procesos productivos.
La poca información, la ausencia de seguros y mercados de capital, son algunos de los factores que impiden o ralentizan nuevas adquisiciones para la producción.
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