Smart cities y su impacto ambiental en el marco de la agenda 2030

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El uso de las tecnologías en las poblaciones urbanas propone un impacto positivo para el cuidado del medio ambiente. 

En las últimas décadas, hubo un gran crecimiento en la urbanización en diversas partes del mundo y ante problemas sociales, económicos y ambientales que pueden derivar de esta situación, las smart cities o ciudades inteligentes toman un rol importante. 

Estas ciudades integran tecnologías avanzadas como el Internet de las Cosas (IoT), inteligencia artificial (IA) y big data para optimizar la gestión de recursos y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Sin embargo, el impacto ambiental es una preocupación. 

Urbanización y sostenibilidad, en busca del equilibrio con las smart cities

La urbanización acelerada es uno de los movimientos más impactantes del siglo XXI, y se calcula que para el 2050 el 68% de la población vivirá en zonas urbanas,  según datos de la ONU.

Esta cifra tiene por detrás una gran preocupación relacionada con la sostenibilidad y el impacto con el cambio climático. En este sentido, las  smart cities o ciudades inteligentes surgen como una posibilidad de minimizar estos futuros aspectos ya que integran tecnologías que promueven la eficiencia energética, reducen las emisiones de gases de efecto invernadero y mejoran la gestión de residuos.

La Agenda 2030 destaca objetivos específicos como el ODS 11, que busca “lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”. En esta línea, las smart cities adecuan con esta meta. 

Entre las funcionalidades de estas ciudades inteligentes se destacan la posibilidad de la gestión eficiente de energía ya que se optimiza el consumo, como los sistemas de iluminación con sistemas inteligentes. 

El transporte inteligente, como son los vehículos eléctricos, los sistemas de bicicletas compartidas y sistema electrificado, es otro de los impulsos de estas ciudades al contar con una opción de movilidad sostenible que minimiza las emisiones de efecto invernadero. 

El tratamiento y administración de residuos es otro de los ítems de gran relevancia que se proponen aquí al utilizarse sensores y análisis para mejorar la recolección y el reciclaje de residuos, y se pueden  identificar patrones de generación de desechos, optimizando rutas de recolección. 

Asimismo, esta urbanización propone un monitoreo en tiempo real de la calidad del aire, los niveles de ruido y otros indicadores ambientales, que procuran cuidado del planeta y de la salud del ciudadano. 

En la actualidad,  algunas ciudades del mundo comenzaron a aplicar algunos de estos parámetros con tecnología. Por ejemplo, Copenhague en  Dinamarca implementó sistemas de calefacción y refrigeración centralizados, alimentados por energías renovables, y una red extensiva de carriles para bicicletas, por ejemplo.

 Mientras que en Barcelona en España  se usa  la tecnología de  Internet de las Cosas  para optimizar la gestión de agua, energía y residuos, reduciendo el impacto ambiental.

En este escenario, las smart cities se posicionan como  oportunidad de transición hacia urbanizaciones más sostenibles para el cuidado del medio ambiente. 

No obstante, el futuro de las ciudades inteligentes no solo está en manos de la tecnología, sino también en la colaboración global y el compromiso para actuar ante el cambio climático. 

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