En la industria de alimentos se está trabajando sobre distintos proyectos cuya finalidad es contar con sistemas de inteligencia artificial más leales y de calidad.
La digitalización está integrando tecnologías que permitirán incrementar la productividad de las actividades económicas, al mismo tiempo que aumentarán su sostenibilidad.
En los últimos años, cada vez son más conocidas las innovaciones basadas en el Internet de las cosas, el análisis masivo de datos (big data) o la tecnología de cadena de bloques (blockchain). De todos modos, por encima de estas destacan las técnicas basadas en inteligencia artificial (IA).
La relevancia que ha adquirido esta tecnología se debe a las ventajas que puede aportar tanto a la población como a las actividades económicas. Se ha destacado cómo la IA es capaz de mejorar la automatización de tareas, ya que dota a los sistemas automáticos de un sistema capaz de controlar y optimizar los procesos de forma autónoma.
Otro de los beneficios esenciales es la optimización en la toma de decisiones, lo que permite reducir el tiempo destinado a las operaciones y, al mismo tiempo, reducir el uso de insumos en los procesos industriales, conservando o incluso mejorando la productividad. Esto se traduce en una mayor eficiencia en la producción y su logística.
Asimismo, una de las principales ventajas de la IA es que permite la personalización de servicios, dado que es capaz de evaluar grandes cantidades de datos y adaptar las decisiones a las necesidades específicas de cada usuario o consulta.
En relación a la ciberseguridad, la IA tiene la capacidad de identificar amenazas en la red de manera rápida y precisa, promoviendo la detección temprana y la prevención de ataques en tiempo real. La IA permite facilitar el trabajo humano y aumentar la seguridad cibernética.
Las posibles desventajas de la IA
Más allá de los beneficios, la IA presenta amenazas significativas si no se realiza una gestión adecuada de la tecnología. Entre ellas se incluyen el posible desempleo debido a la automatización de tareas, aunque es cierto que la IA actual aún está lejos de sustituir a la inteligencia humana. Asimismo, se puede generar una concentración de poder en pocas empresas o países, y la erosión de la privacidad a través de la vigilancia masiva.
Además, los algoritmos pueden perpetuar sesgos y discriminación si no se entrenan adecuadamente, lo que puede derivar en decisiones injustas en áreas clave como la contratación y la justicia. La IA también facilita la creación de desinformación mediante deepfakes y herramientas manipuladoras que amenazan la estabilidad social, por lo que es vital revisar las creaciones de la propia IA.
Otro riesgo importante es el uso de la IA en ciberseguridad y armamento, donde sistemas autónomos podrían desencadenar conflictos sin supervisión humana.
También existe el peligro de depender excesivamente de sistemas que pueden tomar decisiones erróneas, así como el desafío ético de definir cómo deben programarse los valores y principios en las decisiones de la IA.
Estos riesgos resaltan la necesidad de una regulación adecuada y de un enfoque ético en el desarrollo y aplicación de la inteligencia artificial, además, de impulsar diversos proyectos de investigación que permitan mitigar las externalidades negativas causadas por la IA.
El gran peligro de la IA es confiar ciegamente en la información dada por la máquina.
En el ámbito de la producción y la transformación de alimentos, están surgiendo diversos proyectos de investigación que persiguen desarrollar sistemas de inteligencia artificial fundamentados en el conocimiento, los cuales persiguen reducir los aspectos negativos de la tecnología.
Actualmente existen diferentes iniciativas vinculadas a la IA y aplicadas al sector agroalimentario. Uno de ellos es AgrifoodTEF, un proyecto diseñado para alentar una producción de alimentos sostenible y eficiente a través del apoyo a innovadores con herramientas de validación que les permiten cerrar la brecha entre sus ideas más prometedoras y productos exitosos en el mercado.
Desarrollado como una red de instalaciones físicas y digitales en toda Europa, el proyecto ofrece servicios que ayudan a evaluar y validar soluciones de IA y robótica en condiciones reales, con el objetivo de maximizar el impacto de la digitalización en el sector agrícola.
De esta manera, se puede observar cómo empresas agroalimentarias están integrando las herramientas de la IA, ofreciendo sus ventajas a través de sus servicios. De a poco, las innovaciones tecnológicas están ganando terreno en el sector agro, brindando productos de mayor calidad a un consumidor más consciente y respetuoso con el medio ambiente.
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