El 75% de los suelos agrícolas de Argentina presenta un grave déficit de materia orgánica, lo que significa un reto significativo para la sostenibilidad de la producción agrícola en el país.
La materia orgánica es fundamental para conservar la salud del suelo, debido a que contribuye a la estructura del mismo, mejora la retención de agua y nutrientes, y garantiza la actividad microbiana beneficiosa. De todos modos, las acciones agrícolas intensivas y la falta de rotación de cultivos han llevado a una degradación permanente de los terrenos, comprometiendo su fertilidad y capacidad productiva.
Ante este panorama, no solo se ve afectado el rendimiento de los cultivos, sino que también aumenta la vulnerabilidad de los suelos a la erosión y la pérdida de nutrientes.
¿Cuáles son las estrategias para generar suelos saludables?
Para afrontar esta problemática, es esencial llevar a cabo estrategias que aumenten el contenido de materia orgánica en los suelos agrícolas.
De este modo, prácticas como la incorporación de abonos orgánicos, la rotación de cultivos y el uso de cultivos de cobertura pueden resultar efectivas para recuperar la fertilidad del suelo y mejorar su estructura.
Asimismo, el uso de tecnologías permite a los productores diagnosticar con precisión la calidad del suelo y amoldar sus prácticas de manejo a las necesidades específicas de sus campos. Al trabajar en la recuperación de la materia orgánica, se fortalece no solo la productividad agrícola, sino también la sostenibilidad de los ecosistemas agrícolas en el país.
El rol de la agricultura para enfrentar el cambio climático
La agricultura tiene un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático.
En un mundo donde los efectos del cambio climático son cada vez más evidentes, es urgente llevar a cabo prácticas que ayuden a mitigar estas consecuencias.
En ese sentido, reducir la huella de carbono es esencial para garantizar un futuro sostenible para la agricultura. Para lograrlo, la implementación de cultivos de servicio y la agricultura de precisión son estrategias efectivas para disminuir la huella de carbono.
Los cultivos de servicio protegen el suelo y mejoran su salud, mientras que la agricultura de precisión permite a los agricultores utilizar insumos de manera más eficiente. Esto da como resultado una menor emisión de gases de efecto invernadero y una producción más sostenible.
Las nuevas herramientas digitales también facilitan el trabajo. Al brindar un diagnóstico de las necesidades del suelo, los productores pueden aplicar solo los nutrientes necesarios.
Al hacerlo, no solo se optimiza la producción, sino que también se contribuye con la reducción de la huella de carbono en la agricultura.
Las ventajas de tener materia orgánica en los suelos agrícolas
- Mejora de la fertilidad del suelo: incrementa la disponibilidad de nutrientes esenciales para las plantas, promoviendo un crecimiento saludable.
- Mejor retención de agua: la materia orgánica contribuye a la capacidad del suelo para retener agua, bajando la necesidad de riego y aumentando la resiliencia en períodos de sequía.
- Estructura del suelo: existe una mejor estructura del suelo, lo que promueve la aireación y el drenaje, y previene la compactación.
- Aumento de la actividad microbiana: brinda un ambiente favorable para microorganismos beneficiosos, que son fundamentales para la descomposición de materia orgánica y la liberación de nutrientes.
- Control de erosión: ayuda a prevenir la erosión del suelo al mejorar su cohesión y estabilidad, manteniendo la capa superficial intacta.
- Reducción de plagas y enfermedades: un terreno rico en materia orgánica puede contribuir a un ecosistema más equilibrado, reduciendo la presencia de plagas y enfermedades.
- Promoción de la biodiversidad: garantiza un mayor número de organismos del suelo, lo que mejora la salud general del ecosistema.
- Aumento de la producción: mejora la productividad de los cultivos, otorgando mayores rendimientos y calidad de los productos agrícolas.
- Enfrentamiento del cambio climático: almacena carbono, lo que permite reducir la concentración de CO2 en la atmósfera y contribuye a la mitigación del cambio climático.
- Sostenibilidad a largo plazo: alienta a la sostenibilidad del sistema agrícola, garantizando que los suelos conserven su capacidad productiva en el tiempo.
De este modo, mantener un nivel adecuado de materia orgánica en los terrenos es fundamental para garantizar la salud, productividad y sostenibilidad de la agricultura.
Los beneficios que aporta, como la mejora de la fertilidad del suelo, la retención de agua y el incremento de la biodiversidad, son fundamentales para enfrentar los desafíos actuales del sector agropecuario.
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